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SURFER ROSA: EL SURF NO ES TU TABLA, EL SURF SOS VOS

Por Julieta Bossi

Debo reconocer que el título de esta nota es un poco obvio, pero bueno hoy Surfer Rosa va a hablar de algo simple pero real.

Yo era muy apegada a mis tablas, en verdad siempre tuve una, pero les daba mucha importancia. Les cuento un poco, la primer tabla que tuve me la compre en MDQ en la playa. Me la compré a los 14 años sin entender nada de la vida, ni del surf. Claramente no fue la tabla correcta, era muy angosta, estaba partida al medio y arreglada, un desastre, pero intentaba surfear con esa.

Después junte plata y me compré mi primera tabla hecha y pensada para mí. Hasta decía mi nombre y todo. Se la pedí a mi Shaper amigo en Quequén y me la hizo con la idea de que yo empezara a surfear mejor, muchas olas, pararme rápido y filtrar sin problemas, surfear básicamente. Y bueno lo logramos, con esa tabla empecé a surfear.  Se llamaba “Tierna”, era mi tabla, la amaba, la cuidaba, la tenía ahí paradita sin que nada le pasara.

Hasta que un día me fui de viaje, me fui a Australia a surfear. En ese viaje vivía en una camioneta con la cual recorrí toda la costa australiana parando y surfeando, siendo feliz. Pero resulta que un día dejamos las tablas arriba de la camioneta y nos fuimos a dormir adentro, se ve que no las habíamos atado muy bien y alguien se las llevó. Al otro día me desperté y “Tierna” no estaba más. ¿Pero si era mi tabla? ¿Si me la habían hecho para mí? ¿Cómo me la van a robar? Y encima en Australia que creo que la taza de robos es de 1,5. ¿A mi justo me vienen a robar? No podía creerlo. La intentamos recuperar, pero no hubo caso. Me apagué fuerte, no sabía qué hacer.

Una vez entendido y llorado el tema de “mi tablita”, decidí comprarme otra. Lo único que necesitaba en ese momento era tener una tabla. A ver… estaba en Australia… ¿Sin tabla? Me podía volver loca. Cuestión de que salía a buscar… sin rumbo, no sabía lo que quería, tan sólo quería a Mi tabla de vuelta. Busqué y busqué, no me convencía ninguna. Hasta que la vi, fue como un amor a primera vista. El vendedor me dijo que esa tabla estaba en SALE, que nadie la quería, que no era de una marca famosa, que era de un loco que se había puesto a hacer tablas cortas como si fueran longboards, etc. Cuestión de que a mí me gustaba esa. Y no había manera de que no fuera esa, no siempre los vendedores tienen la razón en estos casos, uno también puede saber lo que quiere, qué surfing quiere y cómo.

 

Me costó adaptarme y más en un lugar tan diferente a mi Quequén, como Australia pero me adapté y surfié de lo lindo el mes que me quedaba. Luego me vine a Argentina, anduve paseándola por varios lados, la llevé a Ecuador, la use en nuestra costa, etc. Hasta que un día, se partió. Un día muy chupado en Quequén, me metí… y ocurrió. Ocurrió lo peor, se partió, no fue gran cosa pero ya no era lo mismo. La perfección ya no estaba, aunque funciona igual luego de haberla arreglado.

Con todas estas vueltas, idas y venidas con mis tablitas, me di cuenta de algo. En realidad ya lo tendría que haber sabido desde antes, pero a veces uno necesita un empujoncito o una ruptura para darse cuenta. Llegué a la idea de que el surf no se trata de tu tabla, ni de tu traje, ni de la ropa canchera que uses, el surf sólo se trata de vos.

Yo antes cuando miraba a los Pro y todas las tablas que tienen, me preguntaba… ¿No se apegan a una tabla? ¿No tienen su tabla favorita? Y ahora entiendo, que en realidad, el surf no está en las tablas, el surf está en vos y en tu alma. En lo que vos sentís y en lo que vos haces con ella. Es verdad que cuando sos un poco novato tu tabla es fundamental porque cuesta adaptarse. Pero en realidad es cuestión de desapegarse, porque uno nunca sabe cuando tu tabla amada puede dejar de estar ahí para vos, pero lo que debe estar claro es que vos vas a seguir ahí para el surf.

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